Santa Cruz de la Sierra

Santa Cruz de la Sierra

miércoles, 26 de octubre de 2016

Las cosas que no nos dijimos

A ti, amig@, familia, compañer@:

esta carta es a tu nombre, para que, si un poquito te importa, puedas entenderme. Hoy me han dicho que yo soy otra Eva nueva, que la vieja sigue ahí dentro, pero que ha crecido en estos meses bolivianos; y es cierto que me noto la ropa pesquera y un tanto torpe y desvaída al caminar por las calles de Madrid. Los movimientos no coordinan en esta nueva yo, que tropieza emocionalmente a cada paso, atrofiado el nervio que une la razón al corazón, loca de tristeza y alegría. 

No me pidas hoy ser la que era ayer, porque cuatro meses para mí han sido cuatro siglos de experiencia acumulada, y la mujer que soy ha devorado con pasión los restos de esa chica que se subía a un avión muerta de miedo y ansia por lo desconocido. Bolivia me ha abierto en canal y ha empapado mi alma, y ahora me molesta el ritmo educado de la petulante Europa, y los problemas absurdos de aquell@s que se quedaron estancados en la Eva del pasado. Sé que no es justo juzgaros, pero tampoco lo es sentirme tan incomprendida. A veces hay que ser egoísta en esta vida, para cuidarse de espanto, automimarse un poco encerrada en casa, sola con esas preguntas que te acosan y que el resto del mundo se empeña en seguir haciendo: "¿Y ahora qué?".

Ahora es un momento personal. Ahora soy yo buscándome y encontrándome, dándole sentido a tanta emoción acumulada, lamiendo las heridas y comenzando un nuevo ciclo. Un trocito de mí se ha quedado en Bolivia, y llevo a su gente estrujándome el corazón y los recuerdos allá donde vaya, confundiendo mi juicio y mis ganas de volver o de quedarme. Me quema la injusticia de esta cosa escandalosa que es el mundo en que vivimos, y me destrozan los nervios los exabruptos del sistema patriarcal, totalmente invisibles para esa mayoría que se niega a echar un mínimo vistazo rápido a través de las gafas moradas, pero que se atreve a juzgar cualquier paso o reivindicación de los movimientos feministas. Esa soy yo ahora: mujer, blanca, europea, ciudadana mundo, feminista, cooperante, hija, hermana, amiga, amante, poliamorosa, viajera, diversa y plural; y pocos son los espacios de confianza donde poder contar a gusto la experiencia más maravillosa que he tenido, lo cual es absurdo porque querría pregonarlo a los cuatro vientos. 

La ambivalencia es parte de mi nueva rutina emocional, y pocas las personas con oídos abiertos. Así que por favor, no me preguntes qué voy a hacer ahora que he vuelto, ni te rías cuando hablo de género, ni cuestiones la discriminación que sufre la mitad de la población del planeta por su sexo, o pongas en duda la violencia con la que el sistema trata a las mujeres en cada país del mundo, o finjas un interés por mi viaje a Bolivia sin pensar lo que estas cosas remueven por dentro. Como decía, he crecido, y de tan torpe emocional quizá te ladre o te aparte, o me encierre en mí misma, en este momento de locura que es tener un pie aquí y un pie allí, el corazón dividido por un océano, y el fantasma de los asuntos pendientes en pena.  

Lo bueno es que no estoy sola, y hay mujeres más fuertes que yo que me acompañan, que han sido parte de la aventura, antes de Bolivia, en Bolivia, y aún después; compañeras de este viaje tan peculiar que ha sacudido nuestros mundos y los ha puesto patas arriba. Gracias a ellas por ser la brújula y el motor para seguir adelante, por ser parte de mí, por construirme y construirnos juntas en esta nueva versión de nosotras mismas. Y ahora, poco a poco, quiero ir expandiendo esos espacios seguros, acercándome a quienes escuchen, a quienes entiendan que la vida es un juego de privilegios donde la mayoría pierde, y a quienes quieran dinamitar ese sinsentido y crear una nueva realidad libre de discriminaciones absurdas. Día a día nos iremos reajustando el viejo mundo y yo, sincronizando los relojes, pero bailando al ritmo del corazón que a ratos saldrá desbocado por la boca. Súmate a mi baile, a nuestro baile, abre las alas y empápate de emociones fuertes. 

Yo sólo aviso, por lo que pudiera pasar. Gracias por ser parte del viaje. Gracias por intentar comprender. 

Hasta pronto Bolivia.

Eva

miércoles, 28 de septiembre de 2016

La cadencia infinita de un reloj parado

El tiempo es caprichoso y un poco esquizofrénico. Cuando lo pasamos bien, galopa desbocado, y se atascan los segundos cuando nos aburrimos o echamos de menos. Mis cuatro meses en Bolivia terminan en dos semanas y siento un regusto agridulce, pues no sé si es que todo ha pasado muy rápido o que llevo una eternidad en este mundo paralelo.  Así de loco está el tiempo, como el clima, y es que en Bolivia las cosas resultan un poco a la tremenda y llevan su ritmo propio.

En Santa Cruz no hay clima amable: de los coletazos del sur imprevisible que te sacude las ventanas y te entra el frío hasta en los huesos; pasamos al agosto ventoso, donde capaz sales volando o se te cae el techo encima o se te rompen los cristales, y las calles se llenan de tierra que entra a bocanadas por los ojos; de ahí llega septiembre, antesala del calor del verano, 35º C con una humedad que va aumentando día a día y que te hace sudar el alma en el gimnasio. No hay día de tregua en esta guerra climática contra las personas de a pie que van todos los días al trabajo, y sin avisar, el tórrido verano puede cambiar a medio día a tornado, lluvia o frío invernal.

Sucre
El clima siempre moldea el carácter del pueblo, y quizá por eso, aquí la gente tiene su propia cadencia. No hay prisa en Santa Cruz, pero el tráfico es voraz. La gente pasea calmada por las calles, pero los autos muerden buscando una brizna de aire en la velocidad. Las reuniones empiezan por defecto 30 minutos (con suerte) más tarde de lo que se programaron, y nadie pide disculpas por hacer esperar (tú tienes la culpa de llegar demasiado pronto). La Dirección General de Migración te promete tener tú visado en 72 horas, y cuando llegas a las 72+24h (por si acaso) te dicen que estará esa tarde, o quizá mañana. Y ya el colmo es la Empresa de Correos de Bolivia (ECOBOL), epíteto del funcionamiento de la burocracia en el país, y de lo escacharrado que tienen aquí el sentido de las horas y los días: A parte de mi advertencia de no os atreváis mandar una carta a/de Bolivia pues hay muchas posibilidades de que jamás llegue a su destino; cuando llega, llega dos meses más tarde de lo previsto; y es que hay un limbo de espacio-tiempo donde las cartas que vienen de España al entrar en Bolivia les ponen el sello de entrada, y después se pierden hasta que un mes después alguien la encuentra y la hace llegar a tu casa. Concretamente, una postal que me quisieron hacer llegar por mi cumpleaños (que es el 31 de agosto), fue mandada desde Madrid el día 11 de agosto, y me llegó a mis manos ayer por la noche (27 de septiembre), pero lo curioso es que la fecha de entrada a Bolivia es del 17 de agosto. Es decir que desde el 17 de agosto al 27 de septiembre mi carta fue víctima de la incompetencia del sistema o de un@ funcionari@ con demasiado calor o frío en el cuerpo para trabajar.


Pasito a pasito me bebo los días, echo de menos el frío del sur y una playa para esta humedad. Se me desbocan los latidos cuando pienso en mi casa, tan lejos y tan cerca. No quiero decir adiós, y no sé qué hacer con el reloj de arena que se escurre entre mis manos: quiero que fluya como agua brava y que llegue el día; quiero retenerla toda con mis manos, romper el cristal y detener las horas; quiero que no exista el reloj, ni el antes ni el mañana, ni tomar decisiones. En definitiva, ya que parece que se acaba, quiero un poquito de esta tranquilidad boliviana para sobrevivir el ritmo cardíaco de la ciudad europea.  

domingo, 18 de septiembre de 2016

Uyuni no existe

Ayúdame a mantener el secreto, a preservar este lugar de leyenda en el anonimato. Que no vengan las hordas de turistas que asolan Machupicchu por ser Maravilla del Mundo. Yo no necesito títulos para estremecerme. Yo no quiero esa fama, sólo la compleja sencilllez de la belleza. Ya lo dije anteriormente: "Uyuni es un cuento, una historia de ficción para los sentidos que se descontrolan ante la irreverencia del lugar". Quema, escuece, envenena, te roba el oxigeno y te muerde la noche fría. Es una amenaza al ser humano, salvaje e implacable. Son más de 4000 metros de altitud por tres días y noches a -8ºC en albergues sin calefacción; pero también es la nada y el todo: un torbellino de paisajes diáfanos, vacíos de ruido e infinitos, que pueden transportarte a Chile en línea férrea o hasta Marte. Cielo y tierra se tocan en este paraíso, donde las nubes se funden en blanco con el horizonte de sal, y los flamencos y sus lagunas pintan de arcoiris el lienzo que es la tierra. 



El tour de tres días te incluye un guía y compañeros hasta llenar las seis +1 plazas del jeep. Del pueblito de Uyuni arranca el viaje a las 10:30 am hacia el Cementerio de trenes, donde hacerse fotos con los esqueletos oxidados de las locomotoras fantasma. Luego una parada en Colchani para comprar souvenirs de sal o algún poncho calentito para pasar la noche, y la foto en la estatua del Dakar Bolivia y en la isleta de las banderas, antesala de la gran atracción: el Salar de Uyuni, un mar duro y blanco donde jugar a hacer fotos con perspectiva y deleitarse con la perfecta simetría del suelo en hexágonos salados perfectos. La última parada es la Isla del Pescado, un jardín de cáctus en forma de montaña con vistas privilegiadas de la vasta planicie donde nos estamos metiendo. La primera noche la pasamos en un hotel de sal (sí, te levantas pensando que estas en la playa pero en vez de arena es sal lo que se mete entre los deditos congelados de los pies), y a pesar del frío infernal, merece la pena enfundarse varias capas y salir a fuera a emborracharse de estrellas y beberse la vía láctea hasta enloquecer, nunca habrás visto nada igual.

El segundo día pareciera que está todo visto, pero es el turno de volcanes y lagunas, y vías de tren que te llevan a Chile si tienes suerte. Lo mejor, los flamencos rosados que las habitan, elegantes figuras impasibles al frío, y los colores verdes, azules, blancos y rojos que desprenden sus aguas debido a los minerales que las forman. Para comer, aislados de los demás turistas, haciendo del maletero del jeep nuestra mesa, nos sentamos en las rocas de una pared de piedra a jugar con los "rabbits" salvajes que nos presentó nuestro guía, hambrientos de todas nuestras sobras. También vimos el árbol de piedra, y recorrimos los paisajes marcianos. El sol se puso sobre la Laguna Colorada, a 4.200 metros de altitud, donde hicimos nuestra última noche en un hostalito con pared de ladrillo y frío cual palacio de hielo. 


El tercer día sonó la alarma a las 4:30. Nos esperaba el ascenso a los geíseres al amanecer, y después, aunque no lo creaís desnudarse a unos 5º C, ponerse el traje de baño y correr a zambullirse en las aguas termales, a unos 35º C de temperatura. Aquí es donde te olvidas de lo mal que lo pasaste por la noche y se te cura el frío agarrado al pecho y a la piel. Al trasluz del vaho que desprenden el agua y los cuerpos, el día va subiendo y te dejas flotar perdiendo la vista en el paisaje difuso, ahogando el cerebro con la paz del lugar. Es cruel cuando el guía te dice que hay que salir y regresar a la realidad. Aunque aún quedan cientos de kilómetros y un par de paradas para comprar cerveza de quinua y de coca, para admirar el cañón del inca y fotografiar a varias llamas y alpacas, antes de regresar a Uyuni en la tarde, listos para la siguiente aventura.  


Pero esto no es más que una breve descripción de lo que podéis encontrar; al fin y al cabo, cada uno se construye su viaje, y nunca hay dos iguales. Uyuni se desvela diferente para cada par de ojos que se atreven a mirarlo: para mí es todo fantasía, es el sabor del bolo de coca en el carrillo, mis 27 cumpleaños, un picnic sobre el mar de sal, dos pares de pantalones, chapurrear alemán con mis nuevos amigos, jugar con dinosaurios y la perspectiva, Rubén y María, encontrarte con tus pensamientos en el reflejo de la ventana del jeep, dolor de rodillas, flamencos rosados, la vía láctea en un parpadeo, el peso de cinco mantas y la atmósfera sobre mi pecho al dormir, noches de insomnio, Marte infinito, aroma de azufre, labios agrietados, las vías del tren y el corazón desbocado por seguir los raíles pasito a pasito, empequeñeciendo hasta perderme en la distancia absoluta, tragada por el paisaje que se expande y no existe, por este lugar de sueños y bruma, imposible, intangible, irreal hasta el absurdo. No vengas a Uyuni. Hace frío. No existe. Es sólo mío.



TIPS DE VIAJE
  • El bus de Sucre a Uyuni sale a las 21:00 y llega a las 3:00 am. Normalmente te dejan quedarte dentro del autobús hasta las 6 am que amanece. Pero el frío es demasiado y descansar un poco viene bien antes de empezar el tour, así que nosotros reservamos en el Hostal Reina del Salar, con duchas de agua caliente y un buen desayuno. 
  • Por nuestra experiencia mejor comprar el tpur una vez llegas a Uyuni. Muchas de las compañías están esperando cerrar grupo  y hacen descuento. A nosotros en todas nos pedían 800bs y lo conseguimos al final por 650bs.
  • Antes de empezar el tour es conveniente pasearse por el mercado y comprar agua, snacks y papel higiénico para el viaje.
  • En el precio no va incluido 30bs por entrar en el salar y 150bs por entrar en la Reserva (precio para turistas, nacionales pagan mucho menos).
  • En el primer hostal donde dormimos había ducha de agua cliente (cuesta 10bs y no es una gran instalación). Recomiendo ducharse nada más llegar, antes de que empiece a apretar el frío. Supuestamente no había agua caliente la segunda noche, aunque cuando llegamos al hostal nos dijeron que la acababan de poner, pero aún así el frío era demasiado así que no la usamos. 
  • Regresamos a Uyuni para las 17:30. De ahí a las 18:30 agarramos un bus rumbo a Potosí, aunque me hubiera gustado quedarme un poco de tiempo en el pueblo de Uyuni, con todos los turistas que regresan de sus viajes y se paran a tomar una cerveza y picar algo antes de seguir el camino. Si tienes tiempo, disfruta de este momento al sol mientras cae la tarde.

martes, 13 de septiembre de 2016

Sobrevivir a la Dirección General de Migración

Hoy me caduca el visado de turista para Bolivia, y aún me queda un mes de estancia en el país. Martes 13 + Migración es una ecuación imposible. Es mejor no levantarse ese día, negarte a ti misma que el visado te va a caducar. "Todo irá bien", intentas engañarte poco convencida, tentada de pasar tu último mes de estancia en el país de ilegal y marcharte por la puerta grande, derrochando billetes en el control de migración del aeropuerto el día que te vayas y tengas que pagar la multa de salida de todo un mes (25bs al día/unos 100$ mes).

¿Cómo he podido llegar a esta situación tan crítica? Mira que me gusta dejar las cosas para el último momento, pero no en lo que se refiere a trámites migratorios. La condición de europeos libres de tránsito se nos cae cuando llevamos un tiempito en país ajeno y empezamos a experimentar la pesadilla que es migración para cualquier ciudadano extranjero del oasis europeo. 

Desde mi llegada a Bolivia he visitado cuatro veces la Dirección General de Migración de Santa Cruz, he hablado con consulados y embajadas españolas, con la Agencia de Cooperación, con becarios y ex-becarios, con la Interpol... Y nadie ha sabido resolver el problema de mi visado. Resulta que los españoles gozamos de tres meses de libertad en territorio boliviano entrando como turistas. Tres meses en el tiempo de un año, es decir, ya no vale eso de cruzo la frontera y vuelvo a entrar; sólo disponemos de 90 días y nada más. El problema surge cuando vienes a hacer una pasantía de cuatro meses, y una vez en el país te enteras que el visado de cortesía que te prometieron en la Agencia sólo se da para los becarios que se quedan un año entero: "para cuatro mesecitos... ¡Qué se busquen la vida!".

Y ahí empieza la pesadilla que es Migración. Inocente de tí, vas con tu buena fe a qué te informen de qué visado has de solicitar, y ni siquiera ellos lo saben. Primero me dijeron que no tenían la información y que lo mirara en Internet. El segundo día que fui, la respuesta fue que solicitara un visado de trabajo. Ese visado requería (a parte de dos meses de tramitación) que yo pidiera mis antecedentes a tres cuerpos de policía (Interpol, FELCC, FELCN), acreditara mi residencia y mis ingresos, firmara documentos ante notario, y contratara a un abogado, entre otras cosas. Es decir, tiempo, dinero y el laberinto del infierno. Es por eso que me rendí y me convencí a mí misma que lo mejor era ahorrarse tanto sufrimiento y penitencia por la burocracia boliviana y pagar la multa de 25bs al día (aunque depende del tipo de cambio UFV's, qué aún no he entendido qué es) por los 30 días que iba a estar con el visado caducado. 

Pero a sólo cinco días de la catástrofe de quedarme de ilegal, alguien que había pasado por mi misma situación me habló de un visado mágico llamado "Permanencia Transitoria por Objeto determinado - Estudiante de Intercambio con Convenio Privado", que con sólo 5 requisitos y 72 horas te solucionaba el problema. Ese era mi visado, el visado del que nadie me había hablado. Así que armada con todos los documentos fotocopiados hasta la saciedad, y pidiendo un favorazo en el Consulado de España en Santa Cruz, hoy martes 13 me presenté, nuevamente, aterrada en la Dirección General de Migración.


Ha sido una batalla campal contra mis nervios y mi entereza. Horas de espera. Documentos que no sabía que tenía que llevar (los empleados se guardan información relevante sobre los requisitos para desesperarte y que abandones). Impertinencias varias. Lágrimas de rabia. Taxi al banco para pagar las tasas. Corriendo a migración de vuelta. Más fotocopias. Más impertinencias. Y por fin, se han quedado con mi pasaporte de rehén con la promesa de que el lunes tendré mi visado.

Desde las 8:30 de la mañana del martes 13 de Septiembre hasta las 18:00 de la tarde, pero ha merecido la pena. Me voy con un sabor agridulce, la victoria es mía. Migración 0. Eva 1. Quizá tengan razón cuando dicen que el 13 es el número de la suerte. 



Dame viajes pa' vivir

La vida sigue en Bolivia, y con ella la adrenalina de viajar que me acompaña siempre. Van cayendo los años pero no los sueños, mientras se incrementa el torbellino de mariposas en mi estómago, no dolientes de amor sino hambrientas de nuevos destinos que sacien el alma. 

Laguna en Uyuni

Cumplir años no se hace traumático cuando lo celebras a 4000 metros de altitud en un destino tan exótico y remoto como es Uyuni junto a tus compañeros de viaje. Sus paisajes imposibles recuerdan a Marte, y tu imaginación se desborda ante la magnificencia de sus lagunas, volcanes, desiertos, salares, flamencos, géiseres, y frío polar, agonizando la falta de oxigeno. Uyuni es un cuento fantástico, una historia de ficción para los sentidos que se descontrolan ante la irreverencia del lugar, pero ya daré más detalles en próximos posts. Hoy sólo quiero transmitir mi alegría por haber tenido un cumpleaños tan atípico, con Rubén y con María y con nuestros nuevos mejores amigos alemanes, compañeros de jeep, de frío y de asombro, y de noches preñadas de estrellas, como nunca habíamos visto antes. 

Copacabana, Lago Titicaca
Pero el regalo continúa, y tras Uyuni y su desierto de sal, vino el Altiplano boliviano y un cruce de fronteras a Perú, donde quitarme la espinita de subir a Machupicchu y contemplar la grandeza de la fortaleza inca en las alturas, un sueño recurrente desde que de pequeña jugaba a ser arqueóloga. Y así me fui de paseo por La Paz, Sucre, Potosí, el lago Titicaca, etc., desafiando el mal de altura con hojas de coca y un pasito tras otro; porque la única droga que no mata es inyectarse kilómetros de ruta en vena, ya sea en bus, avión, trufi o auto (¿qué más da?). He aprendido que hasta a pie se pueden pasar los bloqueos, y que si no llegas por carretera siempre hay un barco esperando en el lago. 


Ven conmigo



martes, 23 de agosto de 2016

Días de Sur

El ecuador de mi estancia en Bolivia ya ha quedado atrás, y cuesta creer cómo se escapa el tiempo. Llevo un par de semanas relajada, como si por fin me hubiera adaptado a despertar en este hogar de prestado: hoy ha sido la alarma y no la claridad del día que se cuela por las ventanas sin persianas la que me ha arrancado del sueño perfecto, mi estómago aguanta sin protestar la comida más variopinta de restaurantes a mercados callejeros, moverme en micro por Santa Cruz casi puedo compararlo al maravilloso Metro de Madrid, el almuerzo sin un jugo de fruta no es almuerzo para mí (ni sin arroz, sopa o carne XD), las destartaladas calles ya no son tan amenazantes de noche, y cruzar la calle ahora es parte salvaje de mi instinto que desafía el tráfico impertinente de esta jungla.

Y morir aplastada por un trozo de tejado...
Comienza la cuenta atrás, y si no fuera por el calor supurante y pegajoso que se nos viene encima, haría lo que fuera para quedarme más tiempo. Sí, le tengo miedo al calor y al sudor eterno, y a las facturas de electricidad que llegarán a mi casa por el uso del aire acondicionado. Pero en días como hoy, días de "sur", parece hasta que el viento es amable y que la humedad es un mito. Sales de casa con tu chamarra puesta y buscas los rayos de sol por las aceras resquebrajadas olvidando que ayer se te derretía el alma por la espalda, y que casi te aplasta un trozo de tejado desprendido por el viento infernal. Pero esas cosas son lo de menos: ni la arena en los ojos, ni las calles sucias, ni las aceras rotas, ni la amenaza de que se desmorone sobre ti un edificio, pueden con la promesa de aventura de esta tierra. Hay mucho mal en este lugar, mucha violencia e impunidad, poco civismo y empatía, sobra sexismo y acoso callejero; pero la balanza se inclina hacia los colores vivos, la historia exuberante, la naturaleza arrolladora, los contrastes de su gente y de sus pueblos, su Altiplano y sus valles, su selva amazónica, su salar y su lago, su cultura y su sabor. Hasta en la fea ciudad he construido mis rinconcitos propios: las calles por las que caminar, los bancos de la plaza central, determinados cafés y pensiones para almorzar, boliches donde sentirme en familia, la galería de arte NUBE, la plaza de artesanías detrás de la catedral, el jardín del trabajo, las vistas desde mi piscina en el piso 12, la biblioteca... Y si me entra la nostalgia de Europa, sólo tengo que ir al Ventura Mall, mi último descubrimiento: un elefante en una cacharrería, un centro comercial típico del viejo continente emplazado en la absurda Santa Cruz.

Y así van pasando los días rodeada de arte, música, viajes, cervezas y amigas que aplacan la morriña del corazón dividido entre dos mundos, los que se quedaron y los que se quedarán. He aquí el síndrome de las personas viajeras, y aunque Santa Cruz sea abrupta y de clima absurdo, limpia su aura con el Sur infinito. ¿Y qué es Sur me preguntaréis? Sur es un viento frío de renovación y buenos presagios, un punto cardinal menospreciado, un continente construido de sueños y aventura, un salto a lo desconocido, soy yo y tú y todxs, una sonrisa húmeda, hacer el pino, ahogarse en el océano, la madre tierra, un dedo en tu espalda y el último beso. Y el Sur está gritando mi nombre.


sábado, 20 de agosto de 2016

Excursión a Torotoro

Cuevas, formaciones rocosas, paisajes imposibles, fósiles, cañones profundos, dinosaurios, pozas naturales, cascadas, vergel... El Parque Nacional Torotoro, al norte del departamento de Potosí, a pesar de ser el más pequeño del país, te quita el aliento con sus múltiples atracciones. Un fin de semana nos bastó para dejarnos agotados, pero también exultantes y tostaditos por el sol.


Viernes 12/08/2016
Sin saber lo que nos deparaba el finde, salimos los tres (mi amigo Rubén, su amiga María y yo) de Cochabamba en trufi y cinco horas después, hartos de tanto bamboleo por un camino de tierra, llegamos a Torotoro. Noche cerrada, hambrientos y sin cenar, nos aferramos al ofrecimiento de la dueña de un hostal que salía a buscar huéspedes, y aunque miramos un par de alojamientos más para comparar, decidimos quedarnos con el primero, el Hostal Como en Casa, que a parte del nombre, estaba limpio, ofrecía agua caliente y desayuno y tenía un patio precioso. Directos a dormir nos fuimos para amanecer pronto al día siguiente. 

Sábado 13/8/2016
7.30 am. Lo primero antes de desayunar fue darnos un paseo por la Oficina de Guías y Turismo, donde conocimos a dos chicas españolas con las que formamos el grupo de expedicionarios. Sin saber muy bien donde nos estábamos metiendo, aceptamos una excursión a la Cueva de Umajalanta + El Vergel en el mismo día. Como estábamos incomunicados y no demasiado informados, no podíamos saber que esas dos excursiones son las dos grandes que se suelen hacer en días separados. Por si fuera poco, por el camino añadimos una tercera, la ciudad de Itas, que pilla en la misma dirección que Umajalanta. Los cinco, más nuestro guía Carlos y el conductor, empezamos el trayecto aún inocentes del largo camino por recorrer.

Umajalanta
La caverna más grande de Bolivia (según nuestro guía la más grande de Latinoamérica) es la atracción estrella del tour. Recomiendo ropa vieja y manga larga para poder arrastrarse bien por el suelo y entre las rocas. El auto te deja al pie de un camino, desde donde se pasea hasta la entrada a la caverna. Por el sendero se pueden apreciar huellas de dinosaurio, y antes de llegar a la cueva te dan un casco protector. Sin previo aviso la tierra abre sus fauces, parece que la montaña te está engullendo y empiezas a saltar rocas y a trepar, y tienes que encender la luz de tu casco porque la oscuridad te va tragando. Umajalanta es divertidísimo: reptar por las rocas, deslizarse por toboganes naturales, asirse a cuerdas para no resbalar, admirar los peces ciegos endémicos de esta parte de Bolivia, disfrutar del estoicismo y la belleza de estalactitas y estalagmitas, quedarse en completa oscuridad sin necesidad de cerrar los ojos, y mancharse y mojarse, y darse golpes constantes en la cabeza (qué sería de nosotros sin el casco). No sé cuanto estuvimos ahí abajo, una o dos horas, pero esta excursión no apta para claustrofóbicos ni gorditos o con poca movilidad, fue estupenda. Lo triste es la mala conservación del lugar. La protección que le otorga ser Parque Nacional vino tarde, y es insuficiente: hay pinturas y graffitis en el interior de la caverna (muchas hechas con el humo de las velas); también estalactitas y estalagmitas arrancadas y cortadas en un atentado brutal a la memoria histórica del planeta que necesitó miles de años para crecer milímetro a milímetro esas majestuosas columnas.


Ciudad de Itas

De nuevo en el auto, 21 km de subida desde Umajalanta nos dejan embobados con el paisaje de cerros y valles que se abre a nuestros ojos, de pliegues y formaciones geográficas imposibles. El cóndor nos acompaña en su vuelo magnífico de ave nacional. Se tarda casi una hora en llegar hasta la Ciudad de Piedra, pero no conviene perdérsela. Itas es un trekking por las alturas donde maravillarse con el paisaje, trepar rocas, descender cañones y descubrir grutas y cuevas que parecen catedrales, por donde se cuela el sol haciendo brillar sus paredes rojas y ocres. Es un mundo cretácico, un desierto de altura, imaginación, otro mundo; es silencio y aire puro.


El Vergel
Ir con prisas nunca es bueno, y como pretendíamos hacer tres excursiones antes de que se nos fuera el sol, la suerte nos jugó una mala pasada y pinchamos rueda. Nuestro magnífico personal lo solucionó en un momento, y sin parar en el pueblo (no comimos ese día, menos mal que llevábamos agua, galletas y fruta) continuamos camino del Cañón del Valle de Torotoro. Cansados y hambrientos no podíamos imaginar lo que nos esperaba. Yo no he ido al Cañón del Colorado, pero esta debe de ser una de las experiencias más parecidas. El paisaje es abrumador, pero no más que el descenso: escaleras excavadas en la roca de una garganta que te engulle haciendo temblar tus rodillas de dolor. En apenas unos 500 escalones estás en el fondo de ese agujero en la tierra, salvaje y abrupto, pero aún no hemos llegado a nuestro destino. Temiendo por el posterior ascenso, ahora toca zigzaguear el río y seguir subiendo y bajando rocas y escalones, y pozas de agua y verdín, hasta, ¡oh sorpresa!, llegar a lo que se conoce como El Vergel: cascadas que se escurren por las empinadas paredes de un oasis verde musgo, retumbando en las rocas, al pie de pozas cristalinas donde darse un chapuzón. Aunque ya casi no aprieta al calor, no dudamos en tirarnos al agua y trepar descalzos hasta sentir la fuerza del agua en la espalda.


              

Lo malo es que el sol va cayendo, y las paredes del Cañón parecen cada vez más altas. La subida nos cuesta un mundo: nos pesan las tres excursiones del día y los escalones gigantes y empinados. Casi en la cima nos desviamos al Mirador, visita obligada aunque te falten las fuerzas. Llegar allí es fácil una vez has subido los 500 escalones. Una plataforma permite adentrarte en el Cañón desde las alturas y marearte de vértigo ante la grandeza del lugar. Las vistas parecen premio suficiente al esfuerzo titánico. El cielo se torna rojo sangre mientras atajamos campo a través. A lo lejos nos espera el auto. Hemos sobrevivido al día; ahora la despedida de nuestras compañeras de excursión, una cerveza de trago, devorar la cena y una ducha caliente.



Domingo 14/08/2016
Con el nuevo día y la satisfacción de haber terminado las grandes excursiones, nos levantamos con calma, desayunamos y recogemos las cosas.

Cementerio de tortugas
Por nuestra cuenta llegamos caminando al Cementerio de Tortugas, a 3 km del pueblo. Como vamos sin guía contratado, pagamos los 5 bs que cuesta la entrada y el niño que controla el acceso, aburrido por la ausencia de visitantes, nos enseña el lugar. Lo único que merece la pena del sitio son las vistas. De los miles de fósiles de tortugas encontrados, sólo quedan los trocitos que ha dejado la lluvia y las riadas, y dos pétreos cascarones que sobrevivieron tras las vitrinas del pequeño museo, saqueado por los mismos trabajadores. Otro ejemplo más de la fatal conservación del lugar.



Volvemos al pueblo con la intención de visitar las huellas de dinosaurio y el museo, pero llegamos justo para agarrar el bus de la 13:00 (25bs), así con un par de sándwiches para llevar nos vamos igual que venimos, por el bamboleante camino, esta vez en un bus aún más lento que el trufi, pero (al ser de día) con unas vistas espectaculares del paisaje imposible que ofrece Torotoro. 

TIPS Y EXPERIENCIAS DE VIAJE
  • Llegar a Torotoro: dese Cochabamba puedes agarrar un trufi (35bs) o un bus (25bs), y en cuatro horas (cinco mejor dicho), estás en Torotoro. El bus sale a las 18:00 de la tarde (también hay uno en la mañana), y los trufis hay varios a lo largo del día. El nuestro se supone que salía a las 17:00 pero al final salió con una hora de retraso, y llegamos al parque sobre las 23:00, porque a parte de que el camino es todo de tierra, mucha gente se va bajando durante el recorrido; lo bueno que es más rápido que el bus y hace un par de paradas para ir al baño. El bus sale como muy tarde media hora después de las 18:00 (o eso nos dijeron).
  • Alojamiento: puedes encontrar cama en habitación compartida por 20bs. En Torotoro hay casi treinta hospedajes diferentes así que (salvo ocasiones especiales) puedes encontrar donde dormir una vez llegas allí. Nosotros pagamos 45bs/noche/persona por una habitación limpia para los tres, con baño privado, agua caliente y desayuno. 
  • Tour: personalmente creo que hicimos bien en no ir con tour organizado. Es muy fácil construirse el viaje a medida una vez llegas a la Oficina de Guías. Tienes que pagar un ticket de entrada al parque (30bs por persona) con validez de hasta cuatro días para hacer todas las excursiones disponibles. Después ya contratas las excursiones que quieres para el día (Umajalanta + Vergel para cinco personas salía a 76bs por persona, creo recordar. Luego añadimos Itas y transporte al Vergel, lo que incrementó otros 56bs, por si sirve de guía). Lo normal es conocer otros turistas en la misma oficina y juntar grupos para que salga más económico. En un jeep entran seis personas más el conductor y el guía (cuantos más seáis, más se reparten los gastos, sólo hay que encontrar a los locos dispuestos a hacer lo mismo que tú).
  • Telefonía: como pueblo perdido que es, la conexión con el mundo exterior es difícil. Si eres Entel estás a salvo, pero si eres Tigo o cualquier otra compañía, olvídate de utilizar el móvil más que para las fotos. 
  • Clima: calor por el día y frío por la noche. Estás en la montaña a unos 2000 metros de altitud. Llévate un abrigo para las noches y ropa fresca para el día. No olvides el protector solar. En esta época del año llegábamos a los 30 grados por el día y los 7 por la noche. 
  • Recomendaciones varias
    • no llevar cámara reflex a la cueva de Umajalanta (y cuidado con los móviles) porque el suelo resbala y las rocas y el ejercicio no son aptos para ir cargando con semejante mamotreto.
    • Llevar almuerzo y agua. Puedes hacer picnic por el camino, o simplemente comer para no desfallecer, pero algunos snakcs y un buen bocadillo serán bienvenidos, además que sólo vimos una tiendita en la bajada al Vergel, así que mejor llevar las cosas compradas desde el pueblo.
    • Llevar bañador para remojarte en las pozas de agua y protector solar.
  • Vuelta a Cochabamba: había un bus que salía a la 13:00 y un trufi a las 16:00 del domingo (seguro que después había más). Lo bonito es admirar el paisaje de día. 




martes, 9 de agosto de 2016

Ichapequene Piesta de San Ignacio de Moxos

Bienvenidas y bienvenidos a la locura de mezclar irreverencia y tradición, religión y leyenda, jesuitas e indígenas, al compás de la música barroca y al paso reverberante de 30 danzas con tambor y cascabel. No hay hay nada que pueda prepararte para la celebración de este pequeño pueblecito, declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad, así que abre los ojos y déjate sorprender.



Sábado 30 de Julio
Machetero
Nueve horas de viaje en flota (en autobús "leiton", es decir cama) y aún no hemos llegado a nuestro destino. La ciudad de Trinidad, capital del Departamento de Beni, nos da los buenos días, y empieza la lucha por conseguir el transporte más barato que nos lleve a San Ignacio. Por ser fiestas el precio se duplica, y al final nos montamos en un trufi por 80 bs. (unos 10 euros) que nos estaba esperando para completar aforo. Tres horas por un camino de tierra con ventanillas abiertas adentrándonos en la pampa amazónica, cruzar en barca el río Mamoré, y cientos de aves exóticas después, llegamos a San Ignacio de Moxos.

Es medio día y el calor ahoga. Nos cubrimos con nuestros sombreros cowboy de turista. Vamos a la plaza donde la Iglesia  nos recibe fresca a punto de empezar con el programa. Los Macheteros saltan a escena a las puertas del templo. Son el orgullo del lugar y la insignia del pueblo, con sus tocados de plumas de colores, sus machetes en la mano derecha, y los cascabeles de semillas en los pies marcando el paso y acompasando el corazón de los presentes. No sé desde cuándo, pero me sorprendió gratamente que las mujeres también están incluidas en la danza portando orgullosas sus machetes. Después de un rico almuerzo en La Pascana del Gordo, la fiesta continúa y el desfile comienza. El pueblo sale a las calles vestido de gala: a los Macheteros se les suman otras veintimuchas danzas con sus trajes típicos, derrochando folclore:

Achus
  • El Tintiririnti es el jinete que anuncia la fiesta a lomos de su corcel. 
  • Los Achus, "hombres viejos" en ignaciano, lo bailan hombres vestidos de saco (traje) y máscara de madera, con bastón en una mano y muñeca de trapo en la otra. El sombrero es una pieza fundamental, lleno de ceniza y sorpresas.
  • Seguidos por grupos numerosos de bailarines como los Tigrecillos, los Toritos, los Angelitos, las Panderetas, los Batos, las Moperitas y las Abadesas.

Pero lo mejor viene cuando cae la noche. Tras ver la puesta de sol en la visita obligada a la Laguna Isireri y sacudirnos el polvo del camino, volvemos a la plaza, ahora llena de gente. Los bailarines respiran exhaustos, las cervezas pesan, hay algodón dulce y guisos de pescado, globos y fuegos artificiales; pero todos estamos a la espera. Se respira cierta ansia, y expectantes nos arremolinamos a las puertas de la Iglesia, impacientes pecadores.  Y entre las cabezas de la muchedumbre, ¡por fìn! estalla la chispa del chasquero, y una llamarada amenaza con hacernos arder. Gritos y humo. Sale un achu corriendo hacia nosotras, con el sombrero ardiendo. Huimos aterrorizadas, y hacen falta varios achus más para comprender que aunque quema no arde y que es parte del folclore.Y así pasan las horas entre tragos risas y fuego.

Iglesia de Sa Ignacio


Domingo 31 de Julio
El pueblo se levanta temprano para la gran misa. Son las 9:00 am y la Iglesia está a rebosar, continuando con la tradición jesuítica de los discípulos de San Ignacio de Loyola, y arrepentidos todos de tanto exceso. Pero a nosotras nos mueve más el aperitivo musical que el Coro y la Orquesta de San Ignacio de Moxos ofrece, amenizando la misa y dotando de arte el momento, para aquellos que tiempo atrás dejamos de creer en el dogma divino. Para seguir empapándonos de cultura un paseo por el Museo de San Ignacio nos enseña la gran biodiversidad del lugar, además de la historia única de hermandad entre jesuitas e indígenas que perdura hasta nuestros días. Un vistazo a las artesanías de la plaza puede tentar a más de un turista a hacerse con las pulseras de cascabeles para los pies, o el famoso tipoi de colores que visten las mujeres.

Tarde de jocheo
La tarde es de jocheo. En una plaza de toros improvisada a punto de desmoronarse, con el sol implacable de sombrero, la gente se encarama y enreda en el cercado, y toros con jiba gigantes saltan al ruedo. Los señores y jovencitos que se atreven a salir a su paso e incluso encaramarse a su lomo (las mujeres no han sentido esa necesidad de exponerse) están ebrios de varios días de feria, y si no fuera así, ya se encargan los vendedores ambulantes que pululan por la plaza de hincharles a cerveza en un ataque flagrante al sentido común. Varios heridos después y cansadas de las atronadoras rockolas, la Escuela de Música nos acoge para el concierto final del Ensamble Moxos. A la luz de un candelabro la magia de las voces y los instrumentos antiguos sobrecoge y asusta, y te transporta a la profundidad de la selva, a tiempos inmemoriales de indígenas y conquistadores, de naturaleza y sangre. Y así, bautizadas de música barroca y con el alma atragantada en el pecho, decimos adiós a este lugar perdido de tradiciones vivas.

Ensamble Moxos

Tips de viaje:


Moperita
  1.  En Trinidad puede salir más a cuenta coger el taxi/trufi a San Ignacio de Moxos en el Mercado Campesino (más barato que en la terminal de autobuses). Aún así, para las fiestas, no faltan taxistas ni flotas que te llevan al lugar. 
  2. Dormir en La Pascana de Pablito, regentada por los creadores de La Escuela de Música, y bajo el lema de "Aqui mando yo, Pablito" el hijo pequeño de la familia. Es un lugar encantador, con sus hamacas en el patio y su desayuno en familia.
  3. Atardecer en La Laguna Isireri. No os perdáis la maravilla de la laguna, donde darse un chapuzón y avistar los cientos de aves que habitan el lugar. Mejor al atardecer, para ver el sol poniéndose sobre el agua. El camino es de tierra y si vas andando puedes acabar con arena hasta en las pestañas, pero merece la pena. La otra opción es ir en moto-taxi, que creo yo que acabarás igual de sucio.
  4. Escuchar o comprar un disco del Ensamble Moxos y hacerte fan en su página de Facebook, cada dos años se van de gira por Europa asi que aquí o allí están disponibles. 
  5. Contratar un taxi privado (es decir no compartirlo con extraños) para al salir o entrar del pueblo ir parando por el camino a hacer fotos de las aves y al exuberante paisaje. 
  6. No voléis con Aerolíneas TAM. A la vuelta reservamos pasaje Trinidad-Cochabamba-Santa Cruz, y nos retrasaron el segundo vuelo mas de tres horas (eufemismo de decir hemos cancelado su vuelo porque no había pasajeros suficientes), por lo que no pudimos llegar a la oficina como prometimos

  7. Laguna Isireri

    Abadesas

domingo, 7 de agosto de 2016

Descanso en las alturas

Nos despierta el retumbar del trueno en la mañana, pero más allá del susto caemos de nuevo en el sueño arrullados por la cadencia de la lluvia sobre el tejado. No hay prisa en Samaipata. Aquí la vida transcurre despacio y la sangre espesa, quizá por las bajas presiones, o el frescor de la montaña, o el humo de la noche, o la energía que fluye a raudales en este lugar de leyendas. 

Somos cuatro en una habitación de hostal de cuyo nombre no me acuerdo. Aunque se hace tarde, ninguno queremos romper el silencio letárgico del agua escurriéndose por el patio. La noche de ayer nos pesa en los párpados perezosos de cielos plagados de estrellas, paseos por la plaza, vino, acento brasilero, y aroma a hierba a humo.

Un amigo me explica que "Samaipata" viene del quechua y significa "descanso en las alturas", y no se me ocurre nombre mejor para este lugar místico de confluencia de paralelos y meridianos, de historia prehispánica ruinas religión y rituales. Una puerta al mundo intraterrenal para los amantes de lo desconocido, un rescoldo de paz y renovación para los hippies de espíritu, o un paisaje abrumador para el aventurero insaciable; Samaipata lo tiene todo para gustar al turista, hasta el punto que son muchos los que se quedan.

El Fuerte
Quizá lo más representativo del lugar es "El Fuerte", complejo ceremonial y administrativo del periodo prehispánico, situado en plena cordillera. Dominando desde las alturas esa cima de piedra tallada con representaciones de animales, como el sagrado jaguar y la serpiente; lugar de asentamiento de mojocoyas, chiriguanos, incas y españoles, en orden cronológico; Patrimonio Cultural de la Humanidad desde 1998; bello y misterioso, fuente de múltiples interrogantes aún son resolver. 

Pero no acaba aquí la visita: a parte de brujulear entre la rica artesanía que la comunidad hippie ha traído al pueblo, o deleitarse con un vino 1750 y una sabrosa comida vegetariana, a nosotros nos queda pendiente visitar el bosque de Helechos Gigantes, la Patjcha (salto de agua), el Nido del Cóndor, la Laguna Volcán, los rituales de ayahuasca... Espacios que parecen sacados de un cuento, cerca de Santa Cruz, pero tan lejos y tan distantes.

Según descendemos el camino se nos escapa el brillo. El paisaje es abrupto y salvaje, y las lluvias traen consigo desprendimientos. Hay rocas gigantes complicando el camino, aguas bravas, barro, y el tráfico absurdo de los autos huyendo a la ciudad. Quisiera parar y congelar la imagen: los valles y las montañas, la selva insondable, la niebla que nos traga, el misterio de este lugar preñado de historias; y por un momento sólo estoy yo y la lluvia, yo y el olor a tierra, yo y el barro y el río y el bosque y la niebla. Silencio. La Pachamama me llama, seguro que volveremos. 

viernes, 29 de julio de 2016

VOCES contra la trata de personas

Mañana es el Día Mundial contra la Trata de Personas, y Santa Cruz no se ha quedado indiferente. Toda la semana ha estado repleta de actividades de lucha y reivindicación ciudadana frente a este problema social que hace desaparecer a niñas y jóvenes de la puerta de sus casas sin que nadie ofrezca respuesta. Las autoridades, indiferentes hasta la fecha, son las responsables de entorpecer el desarrollo del Consejo Departamental contra la Trata, órgano encargado de desarrollar por la ley 263 del año 2012 un Plan Departamental, ausente hoy día en Santa Cruz, único Departamento en Bolivia que sigue a la espera. 

Marchemos juntxs contra al Trata y Tráfico de Personas


Mientras tanto, las madres y padres de la Organización de Familiares de Personas Desaparecidas se desesperan, repartiendo carteles con las fotos de sus hijas perdidas hace uno, dos, cinco años, a quienes se preocupen en escuchar su historia, implorando ayuda que no llega. La incompetencia está servida: los prejuicios y la falta de capacitación policial hacen que los operativos de búsqueda se activen tarde obviando la importancia vital de las primeras horas; los recursos no llegan ni para papel o gasolina; la mala tipificación del delito conlleva subregistro y datos incompletos; se pierden denuncias de personas que hace tiempo dejaron de creer en el sistema o que no pueden acceder a él; el retardo de los procesos judiciales conlleva el abandono de los casos; apenas hay sentencias condenatorias; las fronteras son permeables; de los mil niños y niñas desaparecidos al año, el 40% nunca se encuentra; los servicios de protección no existen para víctimas de trata en Santa Cruz; no hay albergues especializados ni un equipo multidisciplinar de profesionales, por lo que las pocas intervenciones acaban revictimizando a las sobrevivientes; y el Gobernador, cabeza del Consejo Departamental, no es capaz de sentarse con las 16 organizaciones que lo conforman a buscar soluciones. 
Sandra Ferrini, sobreviviente, posa junto con familiares de desaparecidas
Con este panorama tan adverso, es la sociedad civil organizada la que sale a la calle esta semana. Juntos, en una Red Departamental de protección contra el abuso sexual y la trata de personas, hemos organizado conversatorios, ruedas de prensa, ciclos de cine y hasta una marcha por las y los desaparecidos, para pedir acciones y dejarnos de tanto politiqueo. Parece que tanto movernos, hemos molestado a los poderosos y, aunque sólo sea para hacernos callar, se han comprometido a reunir (¡por fín!) al Consejo (esperando estaban desde octubre de 2015) para aprobar el tardío Plan Departamental en un máximo de dos semanas. Ya os contaré en que acaba todo. Mientras tanto, aquí seguiremos, movilizándonos por que se respeten y se hagan cumplir todos y cada uno de los derechos de las personas. 
Rueda de Prensa

Conversatorios en el Centro de Formación AECID



La Esclavitud del s.XXI

La trata de personas es un delito trasnacional de lesa humanidad que viola los derechos humanos, y que mueve al menos 32 mil millones de dólares anuales, situándose como el tercer negocio ilícito más lucrativo del mundo por detrás del tráfico de drogas y armas. Se estima que 21 millones de personas son víctimas de este delito, vendidas, transportadas, retenidas, obligadas a trabajar y a prostituirse contra su voluntad.  

Bolivia es uno de los cinco países de América Latina con mayor índice de casos, considerado como país de origen, tránsito y destino de trata y tráfico de personas, cuyos fines son fundamentalmente la explotación sexual, laboral y trata con fines de mendicidad forzada. Entre 2012 y mayo de 2016, en Bolivia se reportaron 1.938 casos, con sólo 12 sentencias condenatorias, según datos del Ministerio de Seguridad Ciudadana. Las cifras tienden a incrementarse en la medida que aumenta el ritmo de denuncias, pero aun así, la tipificación errónea y la ineficacia de los métodos de sistematización de datos, impide conocer el alcance real del problema.

Ante la presencia innegable del delito en Bolivia, el Estado Plurinacional suscribió el "Protocolo para Prevenir, Reprimir y Sancionar la Trata de Personas, Especialmente Mujeres y Niños", que complementa La Convención de las Naciones Unidas contra la Delincuencia Organizada Trasnacional (Protocolo de Palermo, 2000), y aprobó en el año 2012 la Ley Nº263 Integral contra la Trata y el Tráfico de Personas. A pesar de este compromiso normativo, pocos son los avances observados desde la aprobación de la ley, y muchos las y los jóvenes desaparecidos que nunca regresaron a sus casas. Ni el Consejo Plurinacional, ni las unidades especializadas de trata y tráfico de la Policía y la Fiscalía han conseguido resolver el incremento de casos.

Aunque la experiencia advierte que nadie está a salvo de convertirse en mercancía en manos de tratantes, la desigualdad social, la falta de oportunidades educativas y de acceso a un empleo digno o la desestructuración familiar son factores de riesgo, donde atreverse a soñar con una vida mejor puede costar la integridad física, psicológica y mental de la persona, reclutada como víctima invisible de los grupos criminales. Ser niña o mujer también es un riesgo, ya que la trata afecta al género femenino de manera desproporcionada, al igual que en los últimos años alarma la creciente demanda de niñas, niños y adolescentes, que en América Latina representan el 33% del total de víctimas de trata (Global Report on Trafficking in Persons UNODC, 2014). La cultura de consumo impuesta por la globalización es caldo de cultivo para la comercialización de cuerpos de mujer joven. La violencia ejercida sobre estos cuerpos explotados y despojados de derechos, y sus efectos, revierte ya no sólo en las víctimas, sino en su entorno familiar y social, truncando el proyecto de vida de las personas.

Para denunciar estos hechos, prevenir el riesgo, sensibilizar a la población y ofrecer un servicio integral de protección a las personas que han conseguido salir de este infierno, celebramos los “Diálogos en la Casa de España: Voces contra la Trata de Personas” con motivo del 30 de julio, Día Mundial contra la Trata. Recordemos que la prevención no pasa sólo por sensibilizar del problema, sino trabajar juntos en el cambio social que acabe con los estereotipos y prácticas culturales de desigualdad,  y genere respeto por los derechos humanos en armonía con la naturaleza, donde el lucro personal no sea excusa para esclavizar a nadie. 

La Razón

martes, 12 de julio de 2016

Ay que te como, Cochabamba!

Sillpancho
Sólo el nombre te llena la boca hasta casi atragantarte de dicha al pronunciarlo. Cochabamba. Divertido y opulento, masticable, la palabra describe perfectamente la esencia de la ciudad. Dicen que los cochabambinos sólo hacen una comida al día, porque no paran de comer desde que sale el sol hasta que se acuestan. 
Exageraciones a parte, es cierto que el atractivo turístico del lugar radica en gran parte en los manjares culinarios que ofrece en cantidades no aptas para estómagos estrechos. Mi bautizo fue con un inocente "Sillpancho" que se salía del plato. Fíjense en la foto. Debajo de ese filetito de res aplanado que le da nombre al plato (del quechua Silpanch'u), y del huevo y la ensalada, encuentras por sorpresa una base de arroz y patatas asadas, que podría alimentarme por una semana. Para regar este experpento, una jarra de "Mocochinchi" o pepa de durazno (un durazno pelado y deshidratado con el que se hace una bebida refrescante y azucarada).


Un par de días sin comer después, me atreví a volver a intentarlo. Esta vez, y por recomendación de mis flat-mates* me senté a la mesa del mítico restaurante Casa de Campo, donde me trajeron una rica ensalada y un pan recién hecho como antesala del genial "Lapping" (filete de pecho de vaca macerado, choclo/maíz, ensalada, patatas con piel, habas...). Jugoso y gigantesco, me venció el plato, pero el ambiente familiar y animado del lugar, lleno hasta los topes un lunes cualquiera, anima a seguir arremetiendo cuchillo en mano sentada a la sombra de sus patios. 

Plaza Colón
Pero no todo ha sido comer, y Cochabamba me ha sorprendido para bien con sus amplias calles centrales, sus parques, su gente de colores y sus árboles de flores moradas (jacaranda creo que se llama). Sin olvidarme del Cristo de la Concordia que te saluda con su abrazo desde lo alto, superando en altura (aunque parezca mentira) al famoso Cristo de Río de Janeiro. También quiero aprovechar para dar las gracias a las bellas personas que me descubrieron los secretos de la ciudad: a quien me invitó al Sillpancho, al punky argentino que se sentó conmigo en el banco invitándome a huir con él de rave en rave, a las maravillosas personas que asistieron al Congreso (sí, fui a Cochabamba por trabajo) lideres y lideresas por un mundo mejor, a la familia texana que me socorrió en el aeropuerto, al personal del Hotel más frío en el que nunca he estado, y en especial, a quién por sorpresa se convirtió en parte de la aventura que es Bolivia, compartiendo su tiempo, su auto y su compañía, además de información tan valiosa como dónde conseguir jarras de caipiriña ;)





Cochabamba



viernes, 1 de julio de 2016

Carnet de identidad

"Nombre, Sexo H o M". Nuestra identidad se reduce a eso, dos categorías a completar en los documentos de identificación. Nombre y sexo. Es la reducción más básica para explicar al mundo quiénes somos. Pero en la rica diversidad humana hay muchas personas que se sienten incómodas con estas categorías estancas y automáticas que dejan poco a la elección personal y al sentimiento identitario propio, y que quieren elegir su nombre y su sexo libremente, sin imposiciones sociales, sino escuchando a su cuerpo que pide a gritos ser reconocido. Para estas personas, transexuales y transgénero, Bolivia ha aprobado la Ley 807 de Identidad de Género (21 de mayo de 2016), en un intento por devolver a su población las riendas de su identidad y de congraciarse con el colectivo LGTBI, aún en lucha por el reconocimiento de sus derechos.


Esta ley "tiene por objeto establecer el procedimiento para el cambio de nombre propio, dato de sexo e imagen de personas transexuales y transgénero en toda documentación pública y privada vinculada a su identidad, permitiéndoles ejercer de forma plena el derecho a la identidad de género" (art.1. Ley 807).

La reacción de los sectores más conservadores no se ha hecho esperar, y bajo el lema de "la familia natural", las iglesias católica y evangélica han sacado a la calle a sus fieles, en una marcha donde personas desinformadas a voz en grito clamaban por la unión hombre-mujer, la mamá y el papá, la procreación... sin darse cuenta que esta nueva ley nada dice sobre el matrimonio homosexual y nada avanza en la libertad de expresión más allá de encasillar a las personas en una variable dicotómica (hombre o mujer).


Aún queda mucho para que Bolivia sea referente en cuanto a derechos sociales, más concretamente en cuanto a población LGTBI se refiere, pero aún así varios sectores parece que se lucran enardeciendo a la masa acrítica hacia la homofobia, en vez de preocuparse por los problemas intrafamiliares de esas familias que de tan naturales ya destiñen. Quizá debamos empezar a proclamar un amor libre de celos y estereotipos, de respeto mutuo, donde los sentimientos no vengan determinados por el sexo de tu pareja; y que cada uno se preocupe por cuidar a los suyos sin señalar con el dedo a Juana, un hombre en cuerpo de mujer que nunca se identificó con ese nombre, y que ahora puede hacer los trámites para sentirse Juan a tiempo completo.

Saber quién eres y ponerte nombre, el derecho a la identidad, el derecho a ser quien tu quieres ser, eso nos dice la ley, eso quieren quitarnos. Pero Santa Cruz no se ha quedado callada, y ha salido a defender este pequeño avance en materia de derechos humanos vestida de colores: aprovechando el día mundial del Orgullo Gay y la coyuntura política en Bolivia, varias asociaciones, defensoría del pueblo  y sociedad civil se han lanzado a llenar las calles de banderas arcoiris y globos que proclaman "Amor es Amor", un mensaje simple para aquellos cerrados de espíritu.