A ti, amig@, familia, compañer@:
esta carta es a tu nombre, para que, si un poquito te importa, puedas entenderme. Hoy me han dicho que yo soy otra Eva nueva, que la vieja sigue ahí dentro, pero que ha crecido en estos meses bolivianos; y es cierto que me noto la ropa pesquera y un tanto torpe y desvaída al caminar por las calles de Madrid. Los movimientos no coordinan en esta nueva yo, que tropieza emocionalmente a cada paso, atrofiado el nervio que une la razón al corazón, loca de tristeza y alegría.
No me pidas hoy ser la que era ayer, porque cuatro meses para mí han sido cuatro siglos de experiencia acumulada, y la mujer que soy ha devorado con pasión los restos de esa chica que se subía a un avión muerta de miedo y ansia por lo desconocido. Bolivia me ha abierto en canal y ha empapado mi alma, y ahora me molesta el ritmo educado de la petulante Europa, y los problemas absurdos de aquell@s que se quedaron estancados en la Eva del pasado. Sé que no es justo juzgaros, pero tampoco lo es sentirme tan incomprendida. A veces hay que ser egoísta en esta vida, para cuidarse de espanto, automimarse un poco encerrada en casa, sola con esas preguntas que te acosan y que el resto del mundo se empeña en seguir haciendo: "¿Y ahora qué?".
Ahora es un momento personal. Ahora soy yo buscándome y encontrándome, dándole sentido a tanta emoción acumulada, lamiendo las heridas y comenzando un nuevo ciclo. Un trocito de mí se ha quedado en Bolivia, y llevo a su gente estrujándome el corazón y los recuerdos allá donde vaya, confundiendo mi juicio y mis ganas de volver o de quedarme. Me quema la injusticia de esta cosa escandalosa que es el mundo en que vivimos, y me destrozan los nervios los exabruptos del sistema patriarcal, totalmente invisibles para esa mayoría que se niega a echar un mínimo vistazo rápido a través de las gafas moradas, pero que se atreve a juzgar cualquier paso o reivindicación de los movimientos feministas. Esa soy yo ahora: mujer, blanca, europea, ciudadana mundo, feminista, cooperante, hija, hermana, amiga, amante, poliamorosa, viajera, diversa y plural; y pocos son los espacios de confianza donde poder contar a gusto la experiencia más maravillosa que he tenido, lo cual es absurdo porque querría pregonarlo a los cuatro vientos.
Lo bueno es que no estoy sola, y hay mujeres más fuertes que yo que me acompañan, que han sido parte de la aventura, antes de Bolivia, en Bolivia, y aún después; compañeras de este viaje tan peculiar que ha sacudido nuestros mundos y los ha puesto patas arriba. Gracias a ellas por ser la brújula y el motor para seguir adelante, por ser parte de mí, por construirme y construirnos juntas en esta nueva versión de nosotras mismas. Y ahora, poco a poco, quiero ir expandiendo esos espacios seguros, acercándome a quienes escuchen, a quienes entiendan que la vida es un juego de privilegios donde la mayoría pierde, y a quienes quieran dinamitar ese sinsentido y crear una nueva realidad libre de discriminaciones absurdas. Día a día nos iremos reajustando el viejo mundo y yo, sincronizando los relojes, pero bailando al ritmo del corazón que a ratos saldrá desbocado por la boca. Súmate a mi baile, a nuestro baile, abre las alas y empápate de emociones fuertes.
Yo sólo aviso, por lo que pudiera pasar. Gracias por ser parte del viaje. Gracias por intentar comprender.
Hasta pronto Bolivia.
Eva
