Santa Cruz de la Sierra

Santa Cruz de la Sierra

viernes, 29 de julio de 2016

VOCES contra la trata de personas

Mañana es el Día Mundial contra la Trata de Personas, y Santa Cruz no se ha quedado indiferente. Toda la semana ha estado repleta de actividades de lucha y reivindicación ciudadana frente a este problema social que hace desaparecer a niñas y jóvenes de la puerta de sus casas sin que nadie ofrezca respuesta. Las autoridades, indiferentes hasta la fecha, son las responsables de entorpecer el desarrollo del Consejo Departamental contra la Trata, órgano encargado de desarrollar por la ley 263 del año 2012 un Plan Departamental, ausente hoy día en Santa Cruz, único Departamento en Bolivia que sigue a la espera. 

Marchemos juntxs contra al Trata y Tráfico de Personas


Mientras tanto, las madres y padres de la Organización de Familiares de Personas Desaparecidas se desesperan, repartiendo carteles con las fotos de sus hijas perdidas hace uno, dos, cinco años, a quienes se preocupen en escuchar su historia, implorando ayuda que no llega. La incompetencia está servida: los prejuicios y la falta de capacitación policial hacen que los operativos de búsqueda se activen tarde obviando la importancia vital de las primeras horas; los recursos no llegan ni para papel o gasolina; la mala tipificación del delito conlleva subregistro y datos incompletos; se pierden denuncias de personas que hace tiempo dejaron de creer en el sistema o que no pueden acceder a él; el retardo de los procesos judiciales conlleva el abandono de los casos; apenas hay sentencias condenatorias; las fronteras son permeables; de los mil niños y niñas desaparecidos al año, el 40% nunca se encuentra; los servicios de protección no existen para víctimas de trata en Santa Cruz; no hay albergues especializados ni un equipo multidisciplinar de profesionales, por lo que las pocas intervenciones acaban revictimizando a las sobrevivientes; y el Gobernador, cabeza del Consejo Departamental, no es capaz de sentarse con las 16 organizaciones que lo conforman a buscar soluciones. 
Sandra Ferrini, sobreviviente, posa junto con familiares de desaparecidas
Con este panorama tan adverso, es la sociedad civil organizada la que sale a la calle esta semana. Juntos, en una Red Departamental de protección contra el abuso sexual y la trata de personas, hemos organizado conversatorios, ruedas de prensa, ciclos de cine y hasta una marcha por las y los desaparecidos, para pedir acciones y dejarnos de tanto politiqueo. Parece que tanto movernos, hemos molestado a los poderosos y, aunque sólo sea para hacernos callar, se han comprometido a reunir (¡por fín!) al Consejo (esperando estaban desde octubre de 2015) para aprobar el tardío Plan Departamental en un máximo de dos semanas. Ya os contaré en que acaba todo. Mientras tanto, aquí seguiremos, movilizándonos por que se respeten y se hagan cumplir todos y cada uno de los derechos de las personas. 
Rueda de Prensa

Conversatorios en el Centro de Formación AECID



La Esclavitud del s.XXI

La trata de personas es un delito trasnacional de lesa humanidad que viola los derechos humanos, y que mueve al menos 32 mil millones de dólares anuales, situándose como el tercer negocio ilícito más lucrativo del mundo por detrás del tráfico de drogas y armas. Se estima que 21 millones de personas son víctimas de este delito, vendidas, transportadas, retenidas, obligadas a trabajar y a prostituirse contra su voluntad.  

Bolivia es uno de los cinco países de América Latina con mayor índice de casos, considerado como país de origen, tránsito y destino de trata y tráfico de personas, cuyos fines son fundamentalmente la explotación sexual, laboral y trata con fines de mendicidad forzada. Entre 2012 y mayo de 2016, en Bolivia se reportaron 1.938 casos, con sólo 12 sentencias condenatorias, según datos del Ministerio de Seguridad Ciudadana. Las cifras tienden a incrementarse en la medida que aumenta el ritmo de denuncias, pero aun así, la tipificación errónea y la ineficacia de los métodos de sistematización de datos, impide conocer el alcance real del problema.

Ante la presencia innegable del delito en Bolivia, el Estado Plurinacional suscribió el "Protocolo para Prevenir, Reprimir y Sancionar la Trata de Personas, Especialmente Mujeres y Niños", que complementa La Convención de las Naciones Unidas contra la Delincuencia Organizada Trasnacional (Protocolo de Palermo, 2000), y aprobó en el año 2012 la Ley Nº263 Integral contra la Trata y el Tráfico de Personas. A pesar de este compromiso normativo, pocos son los avances observados desde la aprobación de la ley, y muchos las y los jóvenes desaparecidos que nunca regresaron a sus casas. Ni el Consejo Plurinacional, ni las unidades especializadas de trata y tráfico de la Policía y la Fiscalía han conseguido resolver el incremento de casos.

Aunque la experiencia advierte que nadie está a salvo de convertirse en mercancía en manos de tratantes, la desigualdad social, la falta de oportunidades educativas y de acceso a un empleo digno o la desestructuración familiar son factores de riesgo, donde atreverse a soñar con una vida mejor puede costar la integridad física, psicológica y mental de la persona, reclutada como víctima invisible de los grupos criminales. Ser niña o mujer también es un riesgo, ya que la trata afecta al género femenino de manera desproporcionada, al igual que en los últimos años alarma la creciente demanda de niñas, niños y adolescentes, que en América Latina representan el 33% del total de víctimas de trata (Global Report on Trafficking in Persons UNODC, 2014). La cultura de consumo impuesta por la globalización es caldo de cultivo para la comercialización de cuerpos de mujer joven. La violencia ejercida sobre estos cuerpos explotados y despojados de derechos, y sus efectos, revierte ya no sólo en las víctimas, sino en su entorno familiar y social, truncando el proyecto de vida de las personas.

Para denunciar estos hechos, prevenir el riesgo, sensibilizar a la población y ofrecer un servicio integral de protección a las personas que han conseguido salir de este infierno, celebramos los “Diálogos en la Casa de España: Voces contra la Trata de Personas” con motivo del 30 de julio, Día Mundial contra la Trata. Recordemos que la prevención no pasa sólo por sensibilizar del problema, sino trabajar juntos en el cambio social que acabe con los estereotipos y prácticas culturales de desigualdad,  y genere respeto por los derechos humanos en armonía con la naturaleza, donde el lucro personal no sea excusa para esclavizar a nadie. 

La Razón

martes, 12 de julio de 2016

Ay que te como, Cochabamba!

Sillpancho
Sólo el nombre te llena la boca hasta casi atragantarte de dicha al pronunciarlo. Cochabamba. Divertido y opulento, masticable, la palabra describe perfectamente la esencia de la ciudad. Dicen que los cochabambinos sólo hacen una comida al día, porque no paran de comer desde que sale el sol hasta que se acuestan. 
Exageraciones a parte, es cierto que el atractivo turístico del lugar radica en gran parte en los manjares culinarios que ofrece en cantidades no aptas para estómagos estrechos. Mi bautizo fue con un inocente "Sillpancho" que se salía del plato. Fíjense en la foto. Debajo de ese filetito de res aplanado que le da nombre al plato (del quechua Silpanch'u), y del huevo y la ensalada, encuentras por sorpresa una base de arroz y patatas asadas, que podría alimentarme por una semana. Para regar este experpento, una jarra de "Mocochinchi" o pepa de durazno (un durazno pelado y deshidratado con el que se hace una bebida refrescante y azucarada).


Un par de días sin comer después, me atreví a volver a intentarlo. Esta vez, y por recomendación de mis flat-mates* me senté a la mesa del mítico restaurante Casa de Campo, donde me trajeron una rica ensalada y un pan recién hecho como antesala del genial "Lapping" (filete de pecho de vaca macerado, choclo/maíz, ensalada, patatas con piel, habas...). Jugoso y gigantesco, me venció el plato, pero el ambiente familiar y animado del lugar, lleno hasta los topes un lunes cualquiera, anima a seguir arremetiendo cuchillo en mano sentada a la sombra de sus patios. 

Plaza Colón
Pero no todo ha sido comer, y Cochabamba me ha sorprendido para bien con sus amplias calles centrales, sus parques, su gente de colores y sus árboles de flores moradas (jacaranda creo que se llama). Sin olvidarme del Cristo de la Concordia que te saluda con su abrazo desde lo alto, superando en altura (aunque parezca mentira) al famoso Cristo de Río de Janeiro. También quiero aprovechar para dar las gracias a las bellas personas que me descubrieron los secretos de la ciudad: a quien me invitó al Sillpancho, al punky argentino que se sentó conmigo en el banco invitándome a huir con él de rave en rave, a las maravillosas personas que asistieron al Congreso (sí, fui a Cochabamba por trabajo) lideres y lideresas por un mundo mejor, a la familia texana que me socorrió en el aeropuerto, al personal del Hotel más frío en el que nunca he estado, y en especial, a quién por sorpresa se convirtió en parte de la aventura que es Bolivia, compartiendo su tiempo, su auto y su compañía, además de información tan valiosa como dónde conseguir jarras de caipiriña ;)





Cochabamba



viernes, 1 de julio de 2016

Carnet de identidad

"Nombre, Sexo H o M". Nuestra identidad se reduce a eso, dos categorías a completar en los documentos de identificación. Nombre y sexo. Es la reducción más básica para explicar al mundo quiénes somos. Pero en la rica diversidad humana hay muchas personas que se sienten incómodas con estas categorías estancas y automáticas que dejan poco a la elección personal y al sentimiento identitario propio, y que quieren elegir su nombre y su sexo libremente, sin imposiciones sociales, sino escuchando a su cuerpo que pide a gritos ser reconocido. Para estas personas, transexuales y transgénero, Bolivia ha aprobado la Ley 807 de Identidad de Género (21 de mayo de 2016), en un intento por devolver a su población las riendas de su identidad y de congraciarse con el colectivo LGTBI, aún en lucha por el reconocimiento de sus derechos.


Esta ley "tiene por objeto establecer el procedimiento para el cambio de nombre propio, dato de sexo e imagen de personas transexuales y transgénero en toda documentación pública y privada vinculada a su identidad, permitiéndoles ejercer de forma plena el derecho a la identidad de género" (art.1. Ley 807).

La reacción de los sectores más conservadores no se ha hecho esperar, y bajo el lema de "la familia natural", las iglesias católica y evangélica han sacado a la calle a sus fieles, en una marcha donde personas desinformadas a voz en grito clamaban por la unión hombre-mujer, la mamá y el papá, la procreación... sin darse cuenta que esta nueva ley nada dice sobre el matrimonio homosexual y nada avanza en la libertad de expresión más allá de encasillar a las personas en una variable dicotómica (hombre o mujer).


Aún queda mucho para que Bolivia sea referente en cuanto a derechos sociales, más concretamente en cuanto a población LGTBI se refiere, pero aún así varios sectores parece que se lucran enardeciendo a la masa acrítica hacia la homofobia, en vez de preocuparse por los problemas intrafamiliares de esas familias que de tan naturales ya destiñen. Quizá debamos empezar a proclamar un amor libre de celos y estereotipos, de respeto mutuo, donde los sentimientos no vengan determinados por el sexo de tu pareja; y que cada uno se preocupe por cuidar a los suyos sin señalar con el dedo a Juana, un hombre en cuerpo de mujer que nunca se identificó con ese nombre, y que ahora puede hacer los trámites para sentirse Juan a tiempo completo.

Saber quién eres y ponerte nombre, el derecho a la identidad, el derecho a ser quien tu quieres ser, eso nos dice la ley, eso quieren quitarnos. Pero Santa Cruz no se ha quedado callada, y ha salido a defender este pequeño avance en materia de derechos humanos vestida de colores: aprovechando el día mundial del Orgullo Gay y la coyuntura política en Bolivia, varias asociaciones, defensoría del pueblo  y sociedad civil se han lanzado a llenar las calles de banderas arcoiris y globos que proclaman "Amor es Amor", un mensaje simple para aquellos cerrados de espíritu.