Santa Cruz de la Sierra

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martes, 12 de julio de 2016

Ay que te como, Cochabamba!

Sillpancho
Sólo el nombre te llena la boca hasta casi atragantarte de dicha al pronunciarlo. Cochabamba. Divertido y opulento, masticable, la palabra describe perfectamente la esencia de la ciudad. Dicen que los cochabambinos sólo hacen una comida al día, porque no paran de comer desde que sale el sol hasta que se acuestan. 
Exageraciones a parte, es cierto que el atractivo turístico del lugar radica en gran parte en los manjares culinarios que ofrece en cantidades no aptas para estómagos estrechos. Mi bautizo fue con un inocente "Sillpancho" que se salía del plato. Fíjense en la foto. Debajo de ese filetito de res aplanado que le da nombre al plato (del quechua Silpanch'u), y del huevo y la ensalada, encuentras por sorpresa una base de arroz y patatas asadas, que podría alimentarme por una semana. Para regar este experpento, una jarra de "Mocochinchi" o pepa de durazno (un durazno pelado y deshidratado con el que se hace una bebida refrescante y azucarada).


Un par de días sin comer después, me atreví a volver a intentarlo. Esta vez, y por recomendación de mis flat-mates* me senté a la mesa del mítico restaurante Casa de Campo, donde me trajeron una rica ensalada y un pan recién hecho como antesala del genial "Lapping" (filete de pecho de vaca macerado, choclo/maíz, ensalada, patatas con piel, habas...). Jugoso y gigantesco, me venció el plato, pero el ambiente familiar y animado del lugar, lleno hasta los topes un lunes cualquiera, anima a seguir arremetiendo cuchillo en mano sentada a la sombra de sus patios. 

Plaza Colón
Pero no todo ha sido comer, y Cochabamba me ha sorprendido para bien con sus amplias calles centrales, sus parques, su gente de colores y sus árboles de flores moradas (jacaranda creo que se llama). Sin olvidarme del Cristo de la Concordia que te saluda con su abrazo desde lo alto, superando en altura (aunque parezca mentira) al famoso Cristo de Río de Janeiro. También quiero aprovechar para dar las gracias a las bellas personas que me descubrieron los secretos de la ciudad: a quien me invitó al Sillpancho, al punky argentino que se sentó conmigo en el banco invitándome a huir con él de rave en rave, a las maravillosas personas que asistieron al Congreso (sí, fui a Cochabamba por trabajo) lideres y lideresas por un mundo mejor, a la familia texana que me socorrió en el aeropuerto, al personal del Hotel más frío en el que nunca he estado, y en especial, a quién por sorpresa se convirtió en parte de la aventura que es Bolivia, compartiendo su tiempo, su auto y su compañía, además de información tan valiosa como dónde conseguir jarras de caipiriña ;)





Cochabamba



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