Santa Cruz de la Sierra

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viernes, 1 de julio de 2016

Carnet de identidad

"Nombre, Sexo H o M". Nuestra identidad se reduce a eso, dos categorías a completar en los documentos de identificación. Nombre y sexo. Es la reducción más básica para explicar al mundo quiénes somos. Pero en la rica diversidad humana hay muchas personas que se sienten incómodas con estas categorías estancas y automáticas que dejan poco a la elección personal y al sentimiento identitario propio, y que quieren elegir su nombre y su sexo libremente, sin imposiciones sociales, sino escuchando a su cuerpo que pide a gritos ser reconocido. Para estas personas, transexuales y transgénero, Bolivia ha aprobado la Ley 807 de Identidad de Género (21 de mayo de 2016), en un intento por devolver a su población las riendas de su identidad y de congraciarse con el colectivo LGTBI, aún en lucha por el reconocimiento de sus derechos.


Esta ley "tiene por objeto establecer el procedimiento para el cambio de nombre propio, dato de sexo e imagen de personas transexuales y transgénero en toda documentación pública y privada vinculada a su identidad, permitiéndoles ejercer de forma plena el derecho a la identidad de género" (art.1. Ley 807).

La reacción de los sectores más conservadores no se ha hecho esperar, y bajo el lema de "la familia natural", las iglesias católica y evangélica han sacado a la calle a sus fieles, en una marcha donde personas desinformadas a voz en grito clamaban por la unión hombre-mujer, la mamá y el papá, la procreación... sin darse cuenta que esta nueva ley nada dice sobre el matrimonio homosexual y nada avanza en la libertad de expresión más allá de encasillar a las personas en una variable dicotómica (hombre o mujer).


Aún queda mucho para que Bolivia sea referente en cuanto a derechos sociales, más concretamente en cuanto a población LGTBI se refiere, pero aún así varios sectores parece que se lucran enardeciendo a la masa acrítica hacia la homofobia, en vez de preocuparse por los problemas intrafamiliares de esas familias que de tan naturales ya destiñen. Quizá debamos empezar a proclamar un amor libre de celos y estereotipos, de respeto mutuo, donde los sentimientos no vengan determinados por el sexo de tu pareja; y que cada uno se preocupe por cuidar a los suyos sin señalar con el dedo a Juana, un hombre en cuerpo de mujer que nunca se identificó con ese nombre, y que ahora puede hacer los trámites para sentirse Juan a tiempo completo.

Saber quién eres y ponerte nombre, el derecho a la identidad, el derecho a ser quien tu quieres ser, eso nos dice la ley, eso quieren quitarnos. Pero Santa Cruz no se ha quedado callada, y ha salido a defender este pequeño avance en materia de derechos humanos vestida de colores: aprovechando el día mundial del Orgullo Gay y la coyuntura política en Bolivia, varias asociaciones, defensoría del pueblo  y sociedad civil se han lanzado a llenar las calles de banderas arcoiris y globos que proclaman "Amor es Amor", un mensaje simple para aquellos cerrados de espíritu.


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