Cuevas, formaciones rocosas, paisajes imposibles, fósiles, cañones profundos, dinosaurios, pozas naturales, cascadas, vergel... El Parque Nacional Torotoro, al norte del departamento de Potosí, a pesar de ser el más pequeño del país, te quita el aliento con sus múltiples atracciones. Un fin de semana nos bastó para dejarnos agotados, pero también exultantes y tostaditos por el sol.
Viernes 12/08/2016
Sin saber lo que nos deparaba el finde, salimos los tres (mi amigo Rubén, su amiga María y yo) de Cochabamba en trufi y cinco horas después, hartos de tanto bamboleo por un camino de tierra, llegamos a Torotoro. Noche cerrada, hambrientos y sin cenar, nos aferramos al ofrecimiento de la dueña de un hostal que salía a buscar huéspedes, y aunque miramos un par de alojamientos más para comparar, decidimos quedarnos con el primero, el Hostal Como en Casa, que a parte del nombre, estaba limpio, ofrecía agua caliente y desayuno y tenía un patio precioso. Directos a dormir nos fuimos para amanecer pronto al día siguiente.
Sábado 13/8/2016
7.30 am. Lo primero antes de desayunar fue darnos un paseo por la Oficina de Guías y Turismo, donde conocimos a dos chicas españolas con las que formamos el grupo de expedicionarios. Sin saber muy bien donde nos estábamos metiendo, aceptamos una excursión a la Cueva de Umajalanta + El Vergel en el mismo día. Como estábamos incomunicados y no demasiado informados, no podíamos saber que esas dos excursiones son las dos grandes que se suelen hacer en días separados. Por si fuera poco, por el camino añadimos una tercera, la ciudad de Itas, que pilla en la misma dirección que Umajalanta. Los cinco, más nuestro guía Carlos y el conductor, empezamos el trayecto aún inocentes del largo camino por recorrer.
Umajalanta
La caverna más grande de Bolivia (según nuestro guía la más grande de Latinoamérica) es la atracción estrella del tour. Recomiendo ropa vieja y manga larga para poder arrastrarse bien por el suelo y entre las rocas. El auto te deja al pie de un camino, desde donde se pasea hasta la entrada a la caverna. Por el sendero se pueden apreciar huellas de dinosaurio, y antes de llegar a la cueva te dan un casco protector. Sin previo aviso la tierra abre sus fauces, parece que la montaña te está engullendo y empiezas a saltar rocas y a trepar, y tienes que encender la luz de tu casco porque la oscuridad te va tragando. Umajalanta es divertidísimo: reptar por las rocas, deslizarse por toboganes naturales, asirse a cuerdas para no resbalar, admirar los peces ciegos endémicos de esta parte de Bolivia, disfrutar del estoicismo y la belleza de estalactitas y estalagmitas, quedarse en completa oscuridad sin necesidad de cerrar los ojos, y mancharse y mojarse, y darse golpes constantes en la cabeza (qué sería de nosotros sin el casco). No sé cuanto estuvimos ahí abajo, una o dos horas, pero esta excursión no apta para claustrofóbicos ni gorditos o con poca movilidad, fue estupenda. Lo triste es la mala conservación del lugar. La protección que le otorga ser Parque Nacional vino tarde, y es insuficiente: hay pinturas y graffitis en el interior de la caverna (muchas hechas con el humo de las velas); también estalactitas y estalagmitas arrancadas y cortadas en un atentado brutal a la memoria histórica del planeta que necesitó miles de años para crecer milímetro a milímetro esas majestuosas columnas.
Ciudad de Itas
De nuevo en el auto, 21 km de subida desde Umajalanta nos dejan embobados con el paisaje de cerros y valles que se abre a nuestros ojos, de pliegues y formaciones geográficas imposibles. El cóndor nos acompaña en su vuelo magnífico de ave nacional. Se tarda casi una hora en llegar hasta la Ciudad de Piedra, pero no conviene perdérsela. Itas es un trekking por las alturas donde maravillarse con el paisaje, trepar rocas, descender cañones y descubrir grutas y cuevas que parecen catedrales, por donde se cuela el sol haciendo brillar sus paredes rojas y ocres. Es un mundo cretácico, un desierto de altura, imaginación, otro mundo; es silencio y aire puro.
El Vergel
Ir con prisas nunca es bueno, y como pretendíamos hacer tres excursiones antes de que se nos fuera el sol, la suerte nos jugó una mala pasada y pinchamos rueda. Nuestro magnífico personal lo solucionó en un momento, y sin parar en el pueblo (no comimos ese día, menos mal que llevábamos agua, galletas y fruta) continuamos camino del Cañón del Valle de Torotoro. Cansados y hambrientos no podíamos imaginar lo que nos esperaba. Yo no he ido al Cañón del Colorado, pero esta debe de ser una de las experiencias más parecidas. El paisaje es abrumador, pero no más que el descenso: escaleras excavadas en la roca de una garganta que te engulle haciendo temblar tus rodillas de dolor. En apenas unos 500 escalones estás en el fondo de ese agujero en la tierra, salvaje y abrupto, pero aún no hemos llegado a nuestro destino. Temiendo por el posterior ascenso, ahora toca zigzaguear el río y seguir subiendo y bajando rocas y escalones, y pozas de agua y verdín, hasta, ¡oh sorpresa!, llegar a lo que se conoce como El Vergel: cascadas que se escurren por las empinadas paredes de un oasis verde musgo, retumbando en las rocas, al pie de pozas cristalinas donde darse un chapuzón. Aunque ya casi no aprieta al calor, no dudamos en tirarnos al agua y trepar descalzos hasta sentir la fuerza del agua en la espalda.


Lo malo es que el sol va cayendo, y las paredes del Cañón parecen cada vez más altas. La subida nos cuesta un mundo: nos pesan las tres excursiones del día y los escalones gigantes y empinados. Casi en la cima nos desviamos al Mirador, visita obligada aunque te falten las fuerzas. Llegar allí es fácil una vez has subido los 500 escalones. Una plataforma permite adentrarte en el Cañón desde las alturas y marearte de vértigo ante la grandeza del lugar. Las vistas parecen premio suficiente al esfuerzo titánico. El cielo se torna rojo sangre mientras atajamos campo a través. A lo lejos nos espera el auto. Hemos sobrevivido al día; ahora la despedida de nuestras compañeras de excursión, una cerveza de trago, devorar la cena y una ducha caliente.
Domingo 14/08/2016
Con el nuevo día y la satisfacción de haber terminado las grandes excursiones, nos levantamos con calma, desayunamos y recogemos las cosas.
Domingo 14/08/2016
Con el nuevo día y la satisfacción de haber terminado las grandes excursiones, nos levantamos con calma, desayunamos y recogemos las cosas.
Cementerio de tortugas
Por nuestra cuenta llegamos caminando al Cementerio de Tortugas, a 3 km del pueblo. Como vamos sin guía contratado, pagamos los 5 bs que cuesta la entrada y el niño que controla el acceso, aburrido por la ausencia de visitantes, nos enseña el lugar. Lo único que merece la pena del sitio son las vistas. De los miles de fósiles de tortugas encontrados, sólo quedan los trocitos que ha dejado la lluvia y las riadas, y dos pétreos cascarones que sobrevivieron tras las vitrinas del pequeño museo, saqueado por los mismos trabajadores. Otro ejemplo más de la fatal conservación del lugar.
Volvemos al pueblo con la intención de visitar las huellas de dinosaurio y el museo, pero llegamos justo para agarrar el bus de la 13:00 (25bs), así con un par de sándwiches para llevar nos vamos igual que venimos, por el bamboleante camino, esta vez en un bus aún más lento que el trufi, pero (al ser de día) con unas vistas espectaculares del paisaje imposible que ofrece Torotoro.
Volvemos al pueblo con la intención de visitar las huellas de dinosaurio y el museo, pero llegamos justo para agarrar el bus de la 13:00 (25bs), así con un par de sándwiches para llevar nos vamos igual que venimos, por el bamboleante camino, esta vez en un bus aún más lento que el trufi, pero (al ser de día) con unas vistas espectaculares del paisaje imposible que ofrece Torotoro.
TIPS Y EXPERIENCIAS DE VIAJE
- Llegar a Torotoro: dese Cochabamba puedes agarrar un trufi (35bs) o un bus (25bs), y en cuatro horas (cinco mejor dicho), estás en Torotoro. El bus sale a las 18:00 de la tarde (también hay uno en la mañana), y los trufis hay varios a lo largo del día. El nuestro se supone que salía a las 17:00 pero al final salió con una hora de retraso, y llegamos al parque sobre las 23:00, porque a parte de que el camino es todo de tierra, mucha gente se va bajando durante el recorrido; lo bueno que es más rápido que el bus y hace un par de paradas para ir al baño. El bus sale como muy tarde media hora después de las 18:00 (o eso nos dijeron).
- Alojamiento: puedes encontrar cama en habitación compartida por 20bs. En Torotoro hay casi treinta hospedajes diferentes así que (salvo ocasiones especiales) puedes encontrar donde dormir una vez llegas allí. Nosotros pagamos 45bs/noche/persona por una habitación limpia para los tres, con baño privado, agua caliente y desayuno.
- Tour: personalmente creo que hicimos bien en no ir con tour organizado. Es muy fácil construirse el viaje a medida una vez llegas a la Oficina de Guías. Tienes que pagar un ticket de entrada al parque (30bs por persona) con validez de hasta cuatro días para hacer todas las excursiones disponibles. Después ya contratas las excursiones que quieres para el día (Umajalanta + Vergel para cinco personas salía a 76bs por persona, creo recordar. Luego añadimos Itas y transporte al Vergel, lo que incrementó otros 56bs, por si sirve de guía). Lo normal es conocer otros turistas en la misma oficina y juntar grupos para que salga más económico. En un jeep entran seis personas más el conductor y el guía (cuantos más seáis, más se reparten los gastos, sólo hay que encontrar a los locos dispuestos a hacer lo mismo que tú).
- Telefonía: como pueblo perdido que es, la conexión con el mundo exterior es difícil. Si eres Entel estás a salvo, pero si eres Tigo o cualquier otra compañía, olvídate de utilizar el móvil más que para las fotos.
- Clima: calor por el día y frío por la noche. Estás en la montaña a unos 2000 metros de altitud. Llévate un abrigo para las noches y ropa fresca para el día. No olvides el protector solar. En esta época del año llegábamos a los 30 grados por el día y los 7 por la noche.
- Recomendaciones varias:
- no llevar cámara reflex a la cueva de Umajalanta (y cuidado con los móviles) porque el suelo resbala y las rocas y el ejercicio no son aptos para ir cargando con semejante mamotreto.
- Llevar almuerzo y agua. Puedes hacer picnic por el camino, o simplemente comer para no desfallecer, pero algunos snakcs y un buen bocadillo serán bienvenidos, además que sólo vimos una tiendita en la bajada al Vergel, así que mejor llevar las cosas compradas desde el pueblo.
- Llevar bañador para remojarte en las pozas de agua y protector solar.
- Vuelta a Cochabamba: había un bus que salía a la 13:00 y un trufi a las 16:00 del domingo (seguro que después había más). Lo bonito es admirar el paisaje de día.
Gracias por el tip,espero disfrutar de Toro Toro tanto como ustedes....
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